Hoy he visto lo que es el rostro de la desesperación contenida. En mi trabajo hay un chica, muy tímida, pero de ojos vivos, la clase de persona que habla más con la mirada que con las palabras. Algunas veces hemos desayunado juntos, y es una persona deseosa de aprender, siempre escucha con atención, se rie cuando tiene que reir, y se preocupa cuando se tiene que preocupar.
En ocasiones, en el trabajo, me gusta leer la prensa digital. Hoy a aparecido una noticia de última hora. Un terremoto en Honduras, se temía un tsunami en la zona del terremoto. La chica de la que os estoy hablando es de Honduras, está sola en España, y tiene a toda su familia al otro lado del Atlántico, a miles de kilometros.
Inmediatamente me asaltaron las dudas ¿se lo digo? necesita saberlo, pero ¿que le digo, si todavía no se conocen los detalles? así solo la preocuparía ¿pero no tiene derecho a saberlo? Cuando he levantado la vista, he comprobado que no estaba, se había marchado unos 20 minutos antes. Bueno, eso me daba tiempo para pensar que hacer cuando volviera.
Pero cuando volvió, me di cuenta que ya no hacía falta. Traía los ojos vidriosos de haber llorado. Esos preciosos ojos. Un billete de avión en unas manos temblorosas. Todo su rostro era el reflejo de la desesperación. En un hilo de voz nos contaba que no sabía como estaba su familia, pues se habían cortado las comunicaciones con Honduras, y entonces se ha callado. Ha mirado hacía la ventana, con la mirada perdida, y entonces comprendí que no lo puedo comprender.
Yo no tengo a los mios a miles de kilometros. No tengo que esperar a llegar allí para averiguar que ha pasado. No siento esa soledad, a pesar de que estaba rodeada de gente. No siento esa impotencia. Esa desesperación.
Espero sinceramente que todo te vaya bien.


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