
Como comentaba en un post anterior, era una persona bastante fuerte, tanto física como mentalmente.
De pequeño me dijeron que no era buen estudiante, y que lo mejor era que hiciera formación profesional y buscara un buen empleo. Me lo estuvieron repitiendo hasta que me gradué en la universidad con una media que rozaba el sobresaliente.
También me comentaron que la carrera que había escogido no servía de nada, que jamás trabajaría de ello. Hoy en día no solo trabajo en algo relacionado con mi carrera, sino que está directamente relacionada con la especialización que elegí en mis estudios.
Como estos dos ejemplos, hay muchos otros. Podría rellenar varias hojas con las veces que me han dicho que no podía, que jamás lo conseguiría, que era una locura. Y al final, con mucho trabajo, sacrificio y esfuerzo, lo que me proponía, lo conseguía. Me creía invencible.
Por eso mismo, hace dos años y medio me propuse un nuevo objetivo. Iba a luchar como siempre por conseguirlo. Otra vez me dijeron que era una locura, pero no les creí. Y durante año y medio luche con todas mis fuerzas. Puse todas mis energías por conseguirlo, más aún, puse toda mi vida, pasada, presente y futura, en conseguirlo. Utilice mi alma como aval.
Pero esta vez no lo conseguí. Fue la primera vez que no conseguía lo que me proponía. Y dilapidé mi aval. Me di cuenta que yo también era vulnerable.
Y entonces perdí mi cuerpo.