miércoles, 29 de abril de 2009

De como descubrí que no tenía cuerpo

No se muy bien cuando fue, tampoco estoy seguro de como ocurrió, pero un día fui consciente de que no tenía cuerpo. Creo que me fui dando cuenta poco a poco. Hacía tiempo que no veía bien, pero no me preocupaba. Será que estoy cansado, pensaba, lo que ocurre es que necesito descansar. Otro día quise empezar a correr, y aunque me sentía fuerte, no pude. Bueno, pensé, ya iré al médico, que me recete algo.

El descubrimiento vino cuando poco a poco empecé a sentirme ligero y diáfano, llegó un momento en que pensé que una ráfaga de aire podría tumbarme, era como si la gente pudiera atravesarme sin darse cuenta. Pero al mismo tiempo, me sentía muy pesado, como si llevara dos pesadas losas de cemento atadas a los pies, levantar un brazo suponía un esfuerzo sobrehumano que me agotaba para el resto de la jornada. Mientras escribo esto, Kundera me susurra al oído que lo que experimentaba era algo parecido a la insoportable levedad del ser.

Entonces, lentamente me fui percatando de que es lo que había pasado. Era una fría estación de tren, todavía no era de día, pero las farolas irradiaban una luz débil. Empecé a repasar lo que me había pasado en los últimos meses. En mi levedad. En mi ceguera. En mi cerebro. En mi levedad. En mi incapacidad para correr. En mi corazón. Con miedo, miré hacía donde se suponían que tenían que estar mis pies, y no vi nada. Fui subiendo la vista por el lugar en el que tenían que estar mis piernas, estiré lo que yo creía que eran mis brazos. El corazón me latía con fuerza. En ese momento empezó a pasar el tren, con sus oscuros cristales que devuelven las imágenes de una forma tan deforme como los espejos del callejón del gato.

Entonces lo descubrí. En los cristales estaba reflejada una extraña nube, con algo parecido a un corazón, en el lugar en que yo estaba situado.


Había perdido mi cuerpo.


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